13 años de tortura
Dayris Perdomo padece misofonía: los sonidos cotidianos le molestan
A sus 20 años de edad, Dayris Perdomo Rodríguez, estudiante de Magisterio Infantil en la Universidad de La Laguna (ULL), ya está superando su hipersensibilidad a los sonidos. Los tratamientos terapéuticos le han permitido hacer frente a la misofonía, un trastorno auditivo en el que las personas que lo sufren no toleran ciertos ruidos cotidianos como el de escuchar a alguien masticar chicle o el cliqueo del bolígrafo.
Los investigadores aseguran que el 17% de la población mundial sufre este trastorno auditivo. Imagen propia
Estos dos sonidos han estado muy presentes en Dayris desde su infancia, pero no son los únicos. Con 7 años notó que no podía concentrarse en las clases por el chirrido de la tiza en la pizarra o cuando escuchaba a los niños sonarse. Poco a poco las molestias empeoraron y "tuve que recurrir a los auriculares para evadirme de los ruidos, incluso a la hora de comer. Muchas veces almorzaba en mi cuarto", asegura. Al percatarse de que aquello no era normal decidió acudir a un especialista en busca de respuestas. Sin embargo, las causas y los tratamientos son aún un misterio debido al escaso tiempo que lleva reconocida como enfermedad, según recoge el artículo académico de la "Red Internacional de Investigación de la Misofonía" (IRMN). Esto impide una rápida adaptación de la paciente.
Mentado: "Trabajar los pensamientos de la persona para racionalizarlos"
A pesar de ello, psicólogas como Marta Mentado creen que el principal motivo de su aparición se debe a la ansiedad que padecen los afectados. Para combatirla, la profesional aplica la terapia cognitivo-conductual, que consiste en "trabajar los pensamientos de la persona para racionalizarlos, es decir, hacerle ver que el trastorno no es común entre la población y que tiene que cambiar su mente ante el entorno que le incomoda". También recurre a otro tratamiento corporal mediante la relajación muscular progresiva de Jacobson y la técnica novedosa mindfulness. Ambas centradas en reducir la angustia que genera este problema, donde el individuo domine la situación y acepte la realidad.
Los psicólogos solo pueden tratar la ansiedad con terapias. Tienen prohibido recetar pastillas. Imagen propia
Mentado asegura que el estrés, la irritabilidad o el malestar ocasionados a causa de la misofonía han desaparecido en la mayoría de los enfermos sometidos a terapia. Una prueba de ello es la estudiante Perdomo, que reconoce sufrir una mejoría en sus relaciones sociales y personales, aunque según comenta, los resultados del tratamiento no son tan eficaces e inmediatos como esperaba. Se debe a que "es un proceso lento que requiere de esfuerzo y compromiso", apunta la psicóloga.
Apostar por su inclusión en los manuales diagnósticos de trastornos mentales
La misofonía no solo lleva poco tiempo reconocida como enfermedad, sino que en la actualidad sigue sin catalogarse dentro de los manuales diagnósticos de trastornos mentales. Esto "dificulta profundizar en sus causas e investigar para buscar una cura alternativa", apunta Mentado. Por eso ella y los investigadores del IRMN apuestan por su inclusión. Mientras tanto, Dayris espera ansiosa a que llegue el día en el que los dolores de cabeza y la angustia desaparezcan, ¿tendrá que esperar otros 13 años para ello?
También conocida como Síndrome de Sensibilidad Selectiva al Sonido. Vídeo de Marcella Paskin, Victoria Basttos y Victoria Nascimento, 2006
Misofonía VS hiperacusia
La misofonía puede llegar a confundirse con la hiperacusia, también definida por la baja tolerancia a los sonidos, pero se caracteriza porque las personas que lo padecen tienen un sistema auditivo más sensible que el resto. Sin embargo, la misofonía se centra solo en la irritabilidad a sonidos muy concretos de la vida cotidiana, manifestándose de diferentes formas (ira, ansiedad, disgusto...) Para diferenciarlas, el director de "Misophonia UK", Guy Fitzmaurice y su equipo, crearon una herramienta que identifica los casos de misofonía, The Misophonia Activation Scale. Es una escala que recoge 11 grados de intensidad en los síntomas: desde la ausencia de molestias hasta el uso de la violencia desencadenada por el fuerte malestar que produce el ruido.



